Todo previsto… menos vivir
Nunca hemos tenido tantos objetos, servicios y “facilidades”… y nunca hemos sido tan incapaces de hacer lo básico. Gimnasios, outfits, zapatillas para cada disciplina. Relojes que miden el sueño, apps que miden los pasos. Pero luego no usamos el bidé —hemos perdido hasta la costumbre—, no limpiamos un cristal sin que parezca un reto, no sabemos cocinar sin tutorial. Cuerpos equipados como atletas, hábitos de vida de gelatina.
Presumimos de conciencia ambiental mientras vivimos rodeados de plástico. Fruterías sin fruteros. Carnicerías sin carniceros. Todo envuelto, embolsado, precortado. Discurso verde, vida de usar y tirar. La sociedad dice “sostenibilidad” pero vive “comodidad”.
Presumimos de igualdad, de progreso… pero los comportamientos reales van hacia atrás. Adolescentes repitiendo patrones de hace 50 años. Relaciones basadas en poder, no en libertad. Mucho discurso, poca transformación.
Cuidamos el cuerpo como si fuera un templo y la mente como si fuera un trastero. Rutinas de gimnasio, pero cero rutinas de descanso mental. Dietas perfectas, pero pensamientos tóxicos. Mucho “bienestar”, poca paz.
Vivimos en una sociedad que presume de saberlo todo, pero ha olvidado lo esencial. Y no porque falte mindfulness, yoga o pilates. De eso vamos sobrados. El problema es otro: todo viene programado, empaquetado, previsto. No hay alternativa al deseo, ni al momento, ni a lo espontáneo. Hasta la calma se ha convertido en un producto.
Lo positivo no está en “volver a lo simple” como si fuera una receta. Está en recuperar lo que no está dirigido, lo que no está vendido, lo que no está previsto. En permitir que algo pase porque sí, sin guion, sin manual, sin horario. Ahí empieza lo esencial.
Sonia Aguilar
Consultora Operativa · Mediadora Civil y Mercantil
Desarrollo Operacional · Multilingüismo
Canarias
